Día del Periodista: Hábito o habito.                    9/6/26



Un acento puede cambiar el significado de una palabra. Así el término "hábito" se refiere a una práctica adquirida por repetición o una vestimenta, a diferencia de habito, del verbo habitar. De igual modo, quienes ejercen el periodismo, lo habitan o lo llevan por hábito, marcando la diferencia entre los que son y parecen ser. Esta actividad laboral celebró con diversas actividades su día y se presenta de manera dual: como oficio o como profesión lo que evidencia un amplio espectro que va de la excelencia a la no excelencia. Ya sin su viejo estatuto, no hay un órgano de contralor para el sector, como lo hay en otros países como Venezuela, Costa Rica, Bolivia o Chile. Porque señores legisladores: existen los colegios de periodistas y comunicadores.

Esta noble actividad que nació en el país con altos estándares representado por Mariano Moreno: lo hizo para informar a la población sobre los actos de gobierno, difundir ideas políticas y promover el debate público. Mientras los medios fueron pocos, la maestría periodística estaba garantizada pues sus propietarios buscaban calidad y tenían a los mejores periodistas, pero con la apertura tecnológica y la concesión masiva de frecuencias de radio y televisión, ya no era la calidad la meta sino llenar espacios con lo que esté a disposición. 

La semana pasada tres situaciones en el ámbito judicial y legislativo dieron marco referencial al día del periodista, por un lado el juez Carlos Mahiques, que denunció una persecución mediática a su persona y propuso sancionar a sus pares por suministrar información a periodistas. La molestia del juez derivó en proponer a sus pares, elaborar un reglamento que sancione éticamente como una falta grave, el intercambio de información. El segundo caso es el de la jueza María Veronica Michelli cuyo vínculo familiar con el periodista Alconada Mon, aparentemente pondría en peligro su designación pues no sería del agrado del presidente Milei. Y finalmente el ex juez de la Corte Suprema: Juan Carlos Maqueda, que al recibir una distinción en días pasados, señaló que la libertad de prensa está "muy acechada". Todos estos hechos  vuelven a replantear el cómo se ejerce esta actividad laboral.

Mahiques olvida que las sanciones éticas le corresponde a los colegios profesionales y que aunque Adepa y Fopea señalen “que no se puede colegiar a los periodistas” la verdad es que hay países que cuentan hace años con regulación para esta actividad. No hay nada nuevo que descubrir. Olvida también el fallo de la Corte Suprema del año 1987, que señala “que quien ejerce funciones públicas se expone voluntariamente al examen de sus actos y, por ello, debe tolerar un mayor grado de crítica”. El juez que pertenece a uno de los brazos del Estado y es parte de la aplicación de la ley olvida que dentro de las tres incumbencias periodísticas (informar, investigar y opinar) es esta última la que no queda anclada en su totalidad al 100% en la objetividad. Se declaró víctima de desprotección diciendo que: “Los jueces y funcionarios, carecemos de toda protección legal frente a la crítica exacerbada, el escarnio y el escrache, pues todo suele quedar impune bajo el tinglado protector de la libertad de expresión o de la garantía de ‘preservación de las fuentes’”.

APROCOM señala que la opinión periodística no es la opinión personal, sino aquella formada desde el pensamiento crítico que es “la capacidad de analizar, evaluar e interpretar información, ideas, argumentos o situaciones de manera reflexiva y fundamentada antes de emitir un juicio o tomar una decisión.


No consiste en criticar por criticar, sino en examinar los hechos con rigor, cuestionar supuestos, identificar evidencias y considerar diferentes perspectivas para llegar a conclusiones razonables. Ahora bien, en tiempos de desinformación intencional, de publicaciones falsas o inexactas, de inteligencia artificial, de múltiples medios y trabajadores, la comunicación pública que es una prerrogativa del Estado delimitar, no lo hace y opta por enfrentamientos verbales injustificados. Precisar los parámetros profesionales se tornan necesarios. 

Las democracias modernas requieren más transparencia y no menos. Requieren instituciones abiertas al escrutinio público y ciudadanos informados para ejercer plenamente sus derechos. La confianza social en la Justicia, en los gobiernos y en los medios no se construye restringiendo la circulación de información, sino fortaleciendo los mecanismos de acceso, rendición de cuentas y comunicación institucional. Los profesionales de la comunicación, sean periodistas, comunicadores sociales, relacionistas públicos o especialistas en comunicación institucional, tienen la responsabilidad de actuar con ética y rigor. Y estos valores los preserva y custodia un colegio profesional, responsable de distinguir entre los que habitan la profesión de quienes lo usan como hábito, pues como bien dice el dicho “el hábito no hace al monje”.