Profesión y ocupación no es lo mismo. 19/08/2026
La imputación por tenencia de pornografía infantil a Gustavo Vacarella puso una cuestión que desde APROCOM hace tiempo trabajamos en concientizar: no toda persona que aparece frente a una cámara es periodista, no todo conductor es locutor y no toda persona que comunica es, por ese solo hecho, un profesional de la comunicación. En la difusión de una causa judicial, distintos medios se refirieron a esa persona imputada utilizando indistintamente como sinónimos las expresiones “periodista” y “comunicador”, cuando lo correcto era definirlo como conductor de televisión, presentador o animador. La diferencia entre profesión y ocupación.
Producida la información nos comunicamos con los jefes responsables de algunos de esos medios que difundieron la nota para señalar el error. Lo positivo fue que, al conversar sobre el tema y recordar las diferencias entre profesión, título, incumbencias y ocupación, hubo mayoritaria receptividad: se revisaron los conceptos y muchas publicaciones fueron modificadas en ese aspecto. Los medios tienen una responsabilidad particular en este sentido, construyen referencias sociales mediante el lenguaje y multiplican mensajes y cuando estos mensajes están mal, subsanar el error no siempre es posible. Cuando una noticia identifica a alguien como médico, abogado, arquitecto, psicólogo o ingeniero, lo razonable es que exista algún fundamento para atribuir esa condición. Con las profesiones vinculadas a la comunicación debe aplicarse el mismo criterio. ¿Por qué habría de ser diferente?
Si desde la misma Justicia surge que una persona es integrante de una profesión sin serlo, el efecto de esa asociación agrava la confusión social hacia todo un colectivo profesional. Así como el imaginario popular carga en los abogados con el mote de ‘cuervos’ y a los periodistas con el estigma de ‘corruptos’ o “ensobrados” resulta indispensable identificar quién es quién antes de atribuir una profesión a alguien que ni siquiera pertenece a ella. El problema no se enmarca solo a los medios, también puede observarse en el mismo ámbito judicial, donde escritos, resoluciones, actuaciones o declaraciones pueden reproducir denominaciones profesionales sin detenerse a comprobar si una persona efectivamente posee determinada condición: si es periodista, comunicador, locutor, conductor, productor u otra figura vinculada a los medios. La Justicia no solo comunica, crea jurisprudencia y cuando no verifica o no distingue la diferencia entre un comunicador o un periodista, difícilmente pueda quejarse cuando un “periodista de verdad o un periodista que se percibe” no trate la información como corresponde si no reconoce quien es quien.
Hace no mucho tiempo, en el 2023 en Formosa hubo una acción judicial entre un intendente contra un periodista, allí el Superior Tribunal de Justicia determinó que “la calidad de periodista se define por la actividad que desarrolla la persona y no por la tenencia de algún tipo de grado, tal como lo define la ley 12.908” (Estatuto del Periodista ya derogado). Una valoración desacertada pues se supone, los argentinos debemos ajustarnos a la ley, sin excepción, además las carreras de periodismo existen hace unos 40 años en el país. No decimos que un ingeniero o un abogado se definen por la actividad que desarrolla la persona sino que dice la ley respecto a quien es ingeniero o abogado.
La Corte de esa provincia en el escrito lo llamó periodista y comunicador social de forma indistinta como si fueran sinónimos o actividades idénticas. El jefe comunal lo acusaba de actuar como falso profesional y auto declararse periodista, ejerciendo actos propios, sin estar matriculado o registrado en el Círculo de Periodistas, cuando el Estatuto define que es un periodista y habla de matrícula. La causa se identificó como “Jofré, Jorge Antonio s/ Querella por calumnias e injurias c/ Ríos, Evelio”
Este caso refleja varios aspectos en los cuales instamos a reflexionar: la necesidad de leyes de ejercicio profesional actuales para todas las profesiones vinculadas a la comunicación, la calidad de periodista no se define por la actividad que desarrolla y un periodista jamás puede ser un comunicador social aunque un comunicador social sí puede ser periodista.
Más que confundir una profesión observamos que la Justicia en general no tiene en claro la diferencia entre las profesiones de la comunicación y las ocupaciones de ese espectro laboral. La sociedad no confunde a un ingeniero de un arquitecto, ni un docente de un psicopedagogo pero si a un comunicador de un periodista.
Las organizaciones profesionales como APROCOM debemos señalar estas diferencias y manifestar las consecuencias de esta falta de claridad. Cuando la ley no acompaña los cambios de la comunicación y la Justicia no distingue funciones y responsabilidades, los conflictos dejan de ser una excepción para convertirse en una consecuencia.
Habiendo medios con muchos graduados en comunicación y conociendo a la persona protagonista de la información, se pudo corregir. Esta situación nos hizo reflexionar en la necesidad de una organización profesional superior que acompañe con más contundencia a los profesionales y a las instituciones pues la comunicación avanza a pasos agigantados.
Corregir una palabra no es censurar una noticia ni coartar la Libertad de Expresión y eso quedó claro en este caso. Tampoco implica defender a la persona involucrada ni intervenir sobre el contenido de una investigación judicial. Es exigir precisión. APROCOM valora que todos los medios contactados hayan escuchado el planteo, reflexionado sobre esta cuestión y corregido sus publicaciones. Rectificar no disminuye la calidad periodística; por el contrario, demuestra responsabilidad profesional. Sin embargo también observamos que en medios no profesionales como “agencias periodísticas de redes sociales” de las que se desconoce las personas que lo llevan adelante, continuaron reproduciendo el error. Durante demasiado tiempo dejamos pasar por alto estos falsos sinónimos. “Está en televisión, entonces es periodista”. “Tiene un micrófono, entonces es comunicador”. “Conduce un programa, entonces es locutor”. Y no es así.
La realidad profesional es bastante más compleja. En tiempos en los que debatimos sobre desinformación, credibilidad y responsabilidad de los medios, también debemos ocuparnos de esas “pequeñas” imprecisiones que, repetidas durante años, terminan convirtiéndose en conceptos aparentemente verdaderos. Las palabras construyen identidad. Las profesiones también tienen nombre. Y llamar a cada cosa por su nombre es, quizá, una de las formas más elementales de comenzar a comunicar con responsabilidad.
No distinguir entre periodista, comunicador, conductor, productor de contenidos u opinador no es una cuestión semántica: implica confundir funciones, responsabilidades y alcances profesionales.