García Castiella cuestionó a los falsos periodistas 27/7/2026
El Procurador General de la Provincia, Pedro García Castiella, en una entrevista sobre la causa Jimena Salas en Canal 11 la semana pasada, expuso el daño a la sociedad de los que desinforman. Esta causa judicial volvió a tener repercusión por dos aspectos, el posicionamiento del abogado de parte: Marcelo Arancibia y el redireccionamiento de un sector de la prensa. Cansado de las falsas informaciones que recibe este caso penal en la opinión pública, el procurador manifestó que estas acciones generan desconfianza hacia el sistema judicial.
Afirmó que " hoy cualquiera se sienta detrás de una máquina de escribir y cualquiera dice cualquier cosa y se considera periodista, salvo los que lo son". La descripción exacta de un panorama que no sorprende a nadie. El funcionario expresó una preocupación que no sólo afecta a una causa judicial en particular, las repercusiones mediáticas imprecisas pueden tener sobre las personas y sobre las instituciones un impacto no deseado.
Para Claire Wardle y Hossein Derakhshan “Desinformación es información falsa que se crea y difunde deliberadamente con la intención de causar daño a una persona, un grupo social, una organización o un país.” Estos autores distinguen tres categorías del "desorden informativo":
Desinformación: información falsa creada intencionalmente para causar daño.
Información errónea: información falsa compartida sin intención de engañar.
Malinformación: información verdadera utilizada fuera de contexto o manipulada para perjudicar.
Hace tiempo que APROCOM manifiesta su preocupación respecto a la expansión de la desinformación en trabajadores no profesionalizados que están en sectores mediáticos. Esta reflexión no se trata de querer controlar lo que dicen pues es imposible e innecesario, pero sí es posible relacionarse laboralmente con profesionales. La libertad de prensa que afecta sólo a los periodistas, tiene dos aspectos: brinda derechos pero también obligaciones en cómo ejercer. Cuando el Estado, que debe exigir idoneidad en toda actividad laboral, no lo hace en los trabajadores del espectro comunicacional, aparecen estas situaciones críticas. Episodios que vimos en otras áreas como en temáticas relacionadas a la vulneración de derechos de la niñez, donde no se analiza y se difunde sin importar las consecuencias. Acá no corresponde hablar de libertad de expresión, pues este concepto es universal, a los periodistas le corresponde hablar en términos de libertad de prensa que incluye la obligación de ejercer con calidad y objetividad. Ambas cualidades se obtienen por formación, por estudio y no por percepción. Esta libertad nunca debe confundirse con el derecho a difundir información sin verificar, a reemplazar los hechos por especulaciones o a convertir una opinión personal en una verdad publicada. Las sentencias no se reinterpretan a gusto personal.
Mientras el Estado siga pausando la toma de acciones ante las diversas problemáticas de la comunicación pública, más complejo le resultará poner en orden el ecosistema que alberga medios, trabajadores, políticos y sociedad. Un miembro destacado del Poder Judicial está señalando las debilidades en el tratamiento informativo de los medios ¿los otros poderes del Estado actuarán en consecuencia o dejarán pasar de largo sus palabras?. La desinformación es un problema que le corresponde al Estado afrontar.
En toda investigación judicial existen múltiples actores en juego: fiscales, familiares de la causa, defensores, querellantes y los abogados suelen desarrollar estrategias procesales y también comunicacionales que se manifiestan en los medios. Es natural que cada parte procure instalar su interpretación de los hechos, pues esa es su función dentro y fuera del proceso. Pero el periodista no solo debe tener conocimiento de la causa si va a realizar una entrevista sino que también no puede inclinar la balanza hacia ningún sector, debe informar hechos en contexto de veracidad. No puede convertirse en un amplificador de falsas versiones ni tomar el rol de autoridad mediante su “parecer". Su opinión personal nunca es relevante ni es de interés social, solo su opinión crítica del tema que trata. Esta entrevista fue reproducida por varios medios y ninguno tomó el guante de los últimos minutos, donde el procurador expresó su hartazgo respecto a los “falsos periodistas” y el perjuicio que ellos provocan a las instituciones.
La responsabilidad profesional comienza precisamente donde termina el interés de la fuente. Los abogados de parte pueden mediatizar su posición pero el deber periodístico de corroborar la información y poner claro sobre oscuro, no puede omitirse. El periodismo no está para confirmar prejuicios ni para alimentar el espectáculo por fama o rating. Está para ofrecer a la sociedad información contextualizada, comprobada y útil para la formación de una opinión pública libre.
La posición manifiesta del funcionario judicial no debería caer en el vacío, cada uno de los tres poderes ha sufrido malas experiencias con este tipo de prensa no profesional. Una prensa que choca con el real sentido de la labor que impone buenas formas, prudencia y objetividad en la investigación y expresión de la información. El funcionario y el político que trabaja para el estado provincial o municipal sabe que esto es cierto y aún así lo toleran.
APROCOM es el único sector que señala constantemente que la excelencia profesional no se somete a la percepción, es una cuestión objetiva y verificable. Otras asociaciones y sindicatos, integran a profesionales y mediocres sin distinción, ganando adeptos pero perjudicando a la sociedad que se merece excelencia. No es atacar la libertad de expresión ni el derecho a trabajar de estos periodistas no profesionales, es pretender que una actividad comunicacional se realice con preparación y responsabilidad. La obligación del Estado no puede seguir postergando acciones que pueden ir contribuyendo a una mejor comunicación pública.
Hoy cualquier persona puede publicar contenido. Eso es una consecuencia natural de la democratización de las plataformas digitales. Pero el Estado no puede avalar que cualquiera actúe como periodista, o a cualquiera se llame comunicador o locutor, custodiar el ejercicio profesional de quienes estudian y se titulan es su responsabilidad aún cuando los legisladores sigan dilatando la regulación profesional que encuadre a cada sector. El periodismo implica mucho más que escribir, grabar o transmitir. Significa asumir responsabilidades profesionales y comprender que cada información difundida puede afectar derechos, reputaciones y procesos institucionales. La confianza del público no se obtiene por autoproclamarse periodista. Se construye con rigor académico, honestidad intelectual y responsabilidad.
El Estado observa este panorama, hasta el próximo escándalo mediático que podrá incluir la afectación del honor de alguien, la desinformación o la presión o manipulación mediante una entrevista o un parte de prensa. Sigamos participando.